Y esque me vuleves loca cuando tus manos recorren mi cintura,cuando tus manos,acarician mis piernas,cuando te pones celoso,por nada,cuando me miras de esa forma y luego sonries,cuando derrepente veo escrito que me quieres o cuando dices que yo estoy en tu corazón...*Al final descubrí que la respuesta fue siempre la misma, que la respuesta siempre estuvo ahí y que la conclusión a tanto cuestionamiento era una frase.. tan simple como definitiva:
-el que no arriesga, no gana-...El mundo o lo que sea esto, es algo tan cruel como maravilloso. Hay días y momentos en los que crees que todo se avalanza sobre tí, sin poder levantarte. Pero lo que no sabes es que sí, hay dias malos. ¿Pero y los buenos?, ¿por un simple arrebato de niña pequeña vas a dejar todo perder?. Eres demasiado inteligente para tomar esa decisión, levántante con más fuerza aún y no dejes que nada te haga pensar que no vale la pena.
Porque días hay muchos, pero cada uno de ellos con tu sonrísa, los haces especiales.Me cogió el diario. Se lo quité de las manos, pero me puso esa mirada que me volvía loca, esa mirada que me hacía derretirme a sus pies...
-Por favor, déjamelo. -insistió él. Le entregué el diario, sabiendo que hay dentro ponía mis sentimientos más fuertes, todo lo que sentía por él, todo el amor guardado que tenía, todos mis secretos, mis pensamientos... todo.
Lo abrió con una sonrisa de oreja a oreja; como siempre. Me ruboricé, no quería estar ahí mientras él leía todo aquéllo... Así que me di la vuelta y me tumbé boca abajo en la cama. Él se distrajo leyendo mi diario, mientras yo pensaba:
-Tierra trágame.
Cerré los ojos y empecé a pensar en él, empecé a pensar en nuestros momentos juntos, empecé a pensar lo que más me gustaba, una sonrisa recorrió mi cara, esa sonrisa tonta. Pero de repente leyó en voz alta y me interrumpió mis pensamientos. Se calló, le miré entre el rabillo del ojo intentando que no me viera; pero lo hizo. Sonrió y leyó:
-Tengo miedo a perderte. -Supe que eso lo había sacado de mi diario, supe que lo había leído de ahí... Me estremecí, me daba vergüenza que leyera eso... No sé, eso para mí era tan personal que ahora, saber que lo leía alguien y sobre todo él, me hacía sentir extraña. Me incorporé y me puse frente a él, nuestras miradas se unieron y nuestras respiraciones se ajuntaron.
-¿Qué pasa? -dije tímidamente.
-Nada... ¿Por qué pones:Tengo miedo a perderte -dijo.
-Pues... Lo eres todo para mí y bueno, sí, tengo miedo a perderte. -dije echándole valor.
Rió.
-¿Qué pasa, no puedo tener miedo a perderte? -le vacilé.
-No. -dijo muy serio.
-¿Por qué? -dije encarcando una ceja.
-Porqué nunca me perderás.
Y acto seguido me abrazo hasta que nuestros labios se rozaron, le besé, me besó, en aquél momento quise que el tiempo se parara y le besara eternamente.
-Nunca me perderás -pensé, aquéllo me demostró que lo que sentíamos era mágico, y que él era todo para mí..
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